20 octubre 2008

La abuelilla

Cerró la puerta dejando al otro lado dieciséis preocupaciones para el día siguiente. Quedó un momento quieto como para acostumbrarse al nuevo ambiente, encendió un cigarrillo y se dirigió al despacho de Carola donde aún figuraba el letrero de “Aula 1”.
- De este sábado no pasa que lo cambiemos por el de “Secretaría” - se dijo -, no vaya a ser que vengan los gilipuertas de la Consejería y nos penalicen por esta tontuna para autojustificarse el sueldo que les pagamos.
Carola levantó la cabeza al sentir su presencia.
- Han traído este paquete y tengo dos llamadas para ti.
Tomó el envoltorio que Carola le largaba, al tiempo que decía: ¿Puedes encargarte de las llamadas?. El gesto de Carola demostraba que no tenía ningún problema de cómo abordar los dos asuntos.
- Después me cuentas. Ahora voy a tomarme un respiro.
Una sonrisa de complicidad y un leve asentimiento con la cabeza le decía que Carola comprendía de forma acertada, su estado de ánimo.
- ¡Bueno, por fin han llegado!
De dos tijeretazos abrió el paquete. Papel y caja volaron a una papelera llamada “Reciclar” y con placentera parsimonia fue depositando los discos uno al lado del otro. Se entretuvo en revisar las contraportadas y de algunos, sacó el libreto interior hojeándolo con atención.
- Tú y tu jazz - dijo Carola
Él no dijo nada, sonrió y le acercó uno de los discos hasta el borde mismo de la agenda donde ella se afanaba con atención. Siguió empujando y la obligó a que desviara su mirada hacia el cd.
- Este es para ti
- ¿Buika? Ni idea de quién es.
- Por eso te lo regalo.
- ¿Y este sobre?
- Dos invitaciones para el concierto que dará la próxima semana. Convence a tu novio de que por un día deje las concentraciones moteras, poneros guapos y ya me contaréis.
- Mi novio está de viaje, pero me iré con Esther.
- ¡Qué peligro tenéis las dos juntas!
- Y por separado. ¿Qué te crees?
- Nada, nada. Decía que una y una son tres.
- Pues yo conozco a alguno que él sólo hace una tropa
- Que diría Rajoy
- No. Lo digo yo.
- Uuuuh. Perdona. Sólo estaba bromeando.
- Ya lo sé.
La miró con cierta preocupación y sin mediar más palabras se dirigió hacia la puerta.
- Espera un momento Gúmer.
Él se volvió y esperó a que hablara
- Quería darte las gracias por el regalo.
- ¿Cuánto llevas conmigo aquí? ¿Tres años?
- Cuatro hizo el mes pasado.
- ¡Cuatro! Bien… Llama a tu casa y avisa de que hoy tienes comida de empresa. Que no te esperen. Celebraremos tu cuarto aniversario.
- Gracias. La verdad es que necesito distraerme un poco.
- ¿Has salido hoy a la calle?
- No. ¿por qué?
- Porque hace un día precioso para ser Diciembre.
Carola miró hacia la calle. No dijo nada.
Al llegar al recibidor, Gúmer gritó:
- ¡Bonito día, Caro! ¡Muy bonito, sí señor!
Al salir, el frío le dio de pleno en la cara pero también un radiante sol invernal. Se encaminó hacia el estanco y aminoró el paso cuando llegó a la esquina. Había que tener cuidado con aquella acera que descendía hasta la altura de la calzada para facilitar la entrada a los coches de los vecinos que vivían en ese callejón peatonal. Si no ponías todos tus sentidos, ibas al suelo antes de contar uno. Allí no llegaban los rayos del sol hasta bien entrada la tarde, por lo que el hielo del relente permanecía durante todo el día.
Se reía para sus adentros al comprobar la precisión con la que colocaba el pie y el giro que hacía con su cuerpo para salvar la trampa. Llegado a este punto, siempre recordaba como salvó a una anciana de un golpe que con seguridad le hubiera roto más de uno de sus descalcificados huesos. ¡Literalmente, por los pelos! Cuando la vieja iba por los aires, pudo cogerla por el moño, traerla hacia sí y sostenerla con los brazos. La asustada vieja, se pegó a él como una lapa mientras sus piernas realizaban un baile tipo charlestón. No había manera de que sus pies encontraran un lugar donde quedar seguros. A punto estuvieron de ir los dos al suelo y tuvo que alzarla en vilo.
- ¡Deténgase, no se mueva, tranquilícese!
Por fin la abuelilla se calmó y quedó suspendida como una morcilla ahumada.
- Ay, hijo, que susto. Dios le puso aquí. Si no, ahora estaría camino del hospital o un sitio peor.
- Dios no sé, pero si yo no fuera un fumador empedernido, probablemente no hubiéramos coincidido. Para que luego digan que el tabaco mata.
Una sonrisilla avivó los asustados ojos de la abuela que empezaba a recuperar el resuello.
La situación era un tanto cómica: una vieja abrazada a un señor, suspendida a un palmo del suelo y conversando frente con frente.
- ¡Que se besen! ¡Que se besen!
Los dos miraron hacia arriba y vieron un loro parlanchín que volaba dirección a Madrid. La sorpresa fue mayúscula.
Sonrieron. Él, con cuidado, depositó a la anciana en piso seco. La abuelilla aún permaneció algunos segundos sujetándose a las manos de él.
- ¿A dónde va? ¿Quiere que la acompañe, señora?
- No, no, muchas gracias. Ya estoy bien. Vivo aquí mismo, en este portal. He bajado a la farmacia con una receta y a recoger el tratamiento sexual. Ya iba de vuelta a casa.
Él la miró con asombro
- ¿Le sorprende lo del tratamiento?. Lo seguimos mi marido y yo. Ya sabe: el amor después de los ochenta. De los dinosaurios, como yo le llamo.
- ¿Le puedo hacer una pregunta?
- ¿Sobre el tratamiento? Claro que sí hijo. No se quede con la duda.
- No se ofenda, pero es que no me lo imagino
- No hay ninguna ofensa. La verdad es que no tiene ningún secreto, no se diferencia mucho del de algunas jóvenes parejas.
- Entonces, ¿en qué consiste?
- Muy simple: mi marido trata y yo miento.
Él aún se reía de la ocurrencia cuando ella abrió la cancela, se volvió y dijo:
- Gracias de nuevo, joven. Mi nieta se va a tronchar de risa cuando le cuente mi salvamento, pero a mi hija no le diré nada; me ataría a la mesa camilla para que no pudiera salir a la calle. Dios le guarde y no fume mucho.
- Adiós, señora. Cuídese.

Aún rememoraba el suceso cuando entraba a la expendeduría pensando: Creo que ya es hora de hacer una selección dedicada a los abuelillos y subirla al blog.
¿Habrá algún “Blues de la abuelilla”? Se preguntó

- Bella y joven estanquera… ¡Dos de abuelilla!
- Jejeje. De ése no me queda.
- Pues lo de siempre
- Lo de siempre, y un mechero de regalo por el piropo.
- ¡Qué maja eres! Así, ¿cómo voy a dejar de fumar?
- De algo hay que morir.
- Y que lo digas. El otro día,... (y le contó la historia de la abuelilla).


La selección

No es difícil encontrar temas inspirados en los mayores donde la carga de sentimientos el notable. Como ejemplo, la nostalgia y el amor que transmiten Chano Domínguez y Tineke Postma en los temas que dedican a su padre y madre respectivamente, es de una belleza sobrecogedora.
A título de curiosidad, destacar que el primer tema pertenece al único álbum que existe de Bill Evans y Stan Getz tocando juntos, y presten atención a Donna Hightower cantando "a capella" en el Festival de Vitoria de 1987.
Por último, quiero hacer una dedicación especial a un compañero de la blogsfera que hace unos días rendía homenaje a su padre con el tema "Song For My Father" de Horace Silver.

Los temas

01 - Grandfather's Waltz (Bill Evans y Stan Getz)
02 - Gerry Old Man (JJ Johnson)
03 - Song For My Father (Renee Rosnes)
04 - Sometimes I feel like a motherless child (Donna Hightower)
05 - Grand-père (Georges Moustaki)
06 - Color Him Father (Keb’ Mo’)
07 - Old Man (Lizz Wright)
08 - Mi padre (Chano Domínguez)
09 - Song For Sea-Tee (Tineke Postma)
10 - Rude Old Man (Dave Brubeck)
11 - Así Baila Mi Madre (Roberto Fonseca)


La audición (clic en el banner)

8 comentarios:

Santiago dijo...

Grande, amigo eres grande.
El sincero respeto por los abuelos y las personas viejas en general es algo que un amigo mío musulmán me ha enseñado con su ejemplo.
Preciosa tu historia, con su toque sexual y todo.
Exquisita tu selección como siempre, pensaba destacar alguno de los temas pero en realidad no quiero.
Gracias, de verdad gracias.

Troglo Jones dijo...

Menuda historieta, Millass, con loro y todo, je,je. Ya no tengo problemas con el autoplay, por cierto.

Escucharemos tu selección con atención. Tu post me recordó a Benny Carter, que daba conciertos con 90 años.

Un abrazo.

ESTHER dijo...

Hoy hace viento, lluvia y tormenta así que es el día ideal para leerte tranquilamente y escuchar los temas que nos propones. La historia me ha gustado, muy curiosa y original. Me ha hecho gracia que la amiga de Carola se llame Esther. Y que salga un loro parlanchín.

Un abrazo muy fuerte y a escuchar "tus" temas me pongo ya.

millass dijo...

De verdad, Santiago, me emocionó el recuerdo que traías de tu padre. Es lo mejor que nos queda a los huérfanos para poder ser, con el tiempo, buenos padres y sabios abuelos. Gracias a tí, amigo.

millass dijo...

Ya veremos, Troglo, si llegamos a los 90 escribiendo historietas y escuchando buena música.
Gracias por el aviso del autoplay.
Saludos.

millass dijo...

No se te escapa una, Esther.
Disfruta las audiciones en este día gris. Yo tengo un catarrazo de aúpa y es una música muy monótona: achús, achús, achúuus....

Mamen dijo...

Hola!

Gracias por pasarte por mi blog.
Divertidas historias las tuyas. En cuanto a la selección musical ya voy por el tercer tema.

No, si entre todos vais a conseguir que me aficione al jazz ;-)

Saludos!!

millass dijo...

Me cachiiis... Nos has pillado. Es verdad, hemos hecho toda una confabulación para que te guste el jazz. Es un virus inofensivo, aunque, no te creas, vuelve un poco majara.

Gracias por venir, Mamen. Estás en tu casa.

Saludos.